Thursday, March 26, 2009

Floetry- Feelings

Wednesday, September 05, 2007

Libertad sin límites


Quien adivina algo más de lo que sus ojos ven; quien cosecha placer en hacer algo bien, o quien obedece a las propias reglas que dicta su corazón, es aquel ser que sabe volar.


Así es la historia de Juan Salvador Gaviota, un ave marina que lidia con la sensatez colectiva de su bandada. Toda su vida intentando entender por qué debía seguir los pasos de sus pares, por qué debía amoldarse a sus limitaciones y por qué no podía ser diferente y aspirar al planeo veloz de los halcones.

A pesar de todos los consejos que le dieron sus padres, Juan jamás se alejó de los vuelos peligrosos en picada. No supo resistir a su obstinado espíritu, y siempre se las ingeniaba para lograr sus propósitos, siempre calificados como irreverentes por sus camaradas.

Esta gaviota no había nacido para planear a pocos metros del mar y pasar una vida entera cazando peces de la orilla. Este personaje se había gestado en la historia para algo más interesante: demostrar que el vuelo de su especie podía aspirar a más, y no sólo quedarse en lo corriente.

Juan Salvador Gaviota, aunque tuvo miedo en cada intento por superar la velocidad en sus piruetas sobre las rocas, nunca dejó de insistir para lograr el anhelado triunfo. Él pensaba que aprendiendo a pilotear bien, su especie podría salir de su ignorancia, y descubrirse como criaturas de perfección, inteligencia y habilidad, es decir, podrían ser libres, sin volver a depender de los barcos pesqueros que acarreaban peces.

Pero su comunidad no lo entendía, pensaban que estaba loco y lo expulsaron de esta, a pesar de que Juan no pedía reconocimientos por sus logros aeronáuticos.

Lo condenaban por aprender más allá de lo que sus ojos le mostraban.

Gracias a su empeño y terquedad, aprendió a cazar peces que habitaban a más profundidad y otras destrezas que jamás las gaviotas imaginarían poseer.

Juan pagó un alto precio por su libertad y por saberse en lo cierto, pero más tarde pudo ayudar a otras gaviotas a dejar sus limitaciones. A enseñarles que se debe luchar hasta la muerte y enseñar a los demás para legar lo descubierto.

El mensaje está claro, Juan nos dice: jamás nublarse antes las limitaciones aparentes, sino que seguir con nuestras ganas de aprender más, sin enredarnos con los escollos que interpongan los demás…la libertad está en descubrir que “somos libres de ir donde queramos y de ser lo que somos”.

No debemos temer a innovar, porque todo queda escrito en la historia y, de alguna forma, ayudará a muchos en etapas posteriores. No dejemos que nos arrebaten los sueños, porque es lo único que realmente tenemos.

El cuerpo muere, pero los pensamientos quedan.

Monday, July 30, 2007

Un escenario Surreal-ista.

Ayer por la tarde, me junté con mi mejor amiga para darle una vuelta a la vida a través de una buena conversación, por lo que decidimos ingenuamente ir a tomar algo al Pasaje Orrego Luco... lo malo es que caímos en el peor lugar de la callecita esta: el bar "Surreal", vecino del "Vitamina" y flamante enganchador de la vereda Este.

Si quieres tomarte un trago sin sabor a alcohol; un Mojito sin sabor a RUM o RON...puedes acudir a este antro. Lo peor de lo peor en atención, forma y contenido (como dice mi amiga Vero, hablando de pelambres de pega).

Pedí , en "happy hour", un par de mojitos. El horror fue evidente en mi cara, cuando al primer sorbo, pruebo la más desagradable mezcla de azúcar en exceso y agua. Se parecía más al aguita que mi mamá me preparaba cuando lloraba -en mi infancia-, que a un mojito cubano.

Mi amiga, la Vero, pidió el clásico, un Pisco Sour, multiplicado por dos. Lo mismo, pero salvo que ella no tuvo el problema del déficit de sabor a un real Mojito.

La cosa es que le pedí al garzón que se lo llevara al barman para que lo arreglara, porque no tenía sabor a ron. Lo llevó, y el tan anhelado trago, volvió en idénticas condiciones. Ok, no volví a reclamar, preferí callar hasta que me trajeran el segundo cubanito. Antes de pedirlo, le pedí a otro garzón (cuando lo pillaba atento), que me trajera el segundo, pero le expliqué el problemilla desagardable de hace alguos minutos. Por lo que se fue advertido...pero fue nefasto...el maldito MOJO volvió igual...igual de malo y azucarado.



Maldito Barman!!! ¿Qué no sabes preparar un puto Mojito bien? Bue...lo devolví, again. Se demoraron como 20 minutos en regresármelo...y por fin pude sentir el sabor a RON....el cual dejaba harto que desear. Creo que se llamaba algo de "Abuelo"... y luego pensé... "las cosas pasan, porque...tienen que pasar".

El lado positivo: Me ahorré una posible caña a media semana. Tuve una , siempre grata, conversación con mi amiga del alma, y disfruté de un paseo por Providencia en buena compañía, y con un cielo cálido y amenazador de lluvias en pleno invierno santiaguino.

¡¿Alguien, ahora, podría decirme dònde tomar el mejor mojito de mi vida?!